viernes, 18 de noviembre de 2016

Retroceder para avanzar



La sociedad contemporánea nos ha impuesto un ritmo vertiginoso: siempre estamos conectados, siempre estamos viendo la vida a través de nuestras redes y a veces, a veces nos olvidamos que este ritmo no es el nuestro. El ritmo propio de la vida individual parece ser constantemente sofocado por "eso que deberíamos ser".

Una de mis canciones favoritas de Starsailor dice "No me veo a mi mismo cuando me miro al espejo, veo a quien debería ser"  y creo que ese es uno de los karmas que matan a nuestra generación de milenials siempre pensando en lo que se debería lograr en lugar de disfrutar del trayecto.


¿Cuáles son tus metas?

Odio esa pregunta. Si tengo metas, todo el mundo tiene metas y ambiciones pero hacerte esa pregunta o que alguien te haga esa pregunta es como que te pongan en la línea de fuego. De pronto sentís como si la presión de la pregunta fuera demasiada. ¿Cuales son mis metas? ¿Quiero ser famosa? ¿Conquistar el mundo? ¿Ser el presidente de una gran corporación? ¿Quiero una familia? De pronto te ponés a pensar en la otra pregunta implícita. ¿Voy a lograr lo que quiero o voy a fallar miserablemente y el mundo será testigo de todo en el proceso? 

En ese momento resalta el siguiente aspecto de las redes sociales: solo muestran lo bueno, lo logrado y eso genera un sentimiento cíclico de "envidia" en la que sólo sos alguien si lograste postear la mejor foto de viaje, de comida, de casamiento o de empresa fabulosa en la que trabajás. Es como si la secundaria nunca hubiera terminado y todo fuera aún un concurso de popularidad y seguidores.

Hazte esta pregunta:

¿Cúal fue la ultima fotografía que subiste? e inmediatamente: ¿Sobre qué estabas alardeando?.

Es hora de repensar que no todos logran lo que desean. Las metas a veces no se cumplen. Ese es el aspecto realista del mundo. Pero necesariamente no hay que desanimarse: a veces las metas mutan, cambian, se posponen por un tiempo, desaparecen de nuestro horizonte. Lo que debemos aprender como generación no es la perseverancia, es comprender que el camino no es lineal y que a veces tenemos que retroceder para avanzar.

Pero les pongo un caso de ejemplo para que no digan que "es fácil dar consejos desde el anonimato":

Yo tengo treinta años y en el 2010 me recibí de Licenciada en Audiovisión en la Universidad de Lanús. Tenía la fortuna de trabajar de lo que había estudiado y también trabajar en la enseñanza. Listo yo pensaba que ya estaba en mi camino y que de allí solo podría avanzar hacia adelante: hacia el futuro.

¿Que sucedió en el medio? La vida.

De pronto mi carrera me tenía estresada y no era lo que realmente buscaba en la vida. Lo que yo quería cuando comencé era dirigir... pero claro no estudié dirección sino postproducción.  Así cada vez me alejaba mas de mi meta y era verdaderamente infeliz trabajando siempre atrás de una computadora para las obras de los demás.

De pronto me hallaba en el limbo. El limbo es un lugar dificil en el que probas otros trabajos, años sabáticos y hasta terapia. ¿Y que pasó?  Yo experimentaba todo eso como un retroceso y estaba amargada porque pensaba que había tirado mi vida cinco años con esa licenciatura que no estaba aprovechando.

Tampoco me ayudó que mi primera incursión como directora fuera un desastre... pero desastre y todo fue un maravilloso desastre del que estoy orgullosa, porque era, digamos "una curva hacia mi meta original".

Hoy puedo decir que retrocedí sobre mis pasos. Deshice esa gran bola de errores posteriores a mi graduación (de la que se aprende indefectiblemente) y al volver sobre mis pasos me encontré en el camino que debía haber tomado diez años atrás: estudiar realización.

Por eso por experiencia propia, es que puedo decir que a veces es necesario retroceder y contemplar el panorama. La meta no es una linea recta. Es un recorrido sinuoso lleno de trampas y contratiempos como si fuera el Super Mario: uno va saltando entre cajas y hongos para llegar a rescatar a la princesa. Por eso un consejo: No te deprimas por aquello que no vale la pena. No mires los logros ajenos y decaigas en una espiral descendente de auto compasión. Aún tenes muchos kilometros que recorrer y camino por andar, entonces: ajustate el cinturón y disfruta mientras dure el viaje.

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